Flor de San Juan
Quizás te suene ese nombre, o es posible que nunca lo hayas oído, pero, lo que no presenta género de dudas, es que la has visto. Se trata de una flor amarilla, originaria de Europa, pero que ya ha invadido todos los continentes. Conocida desde la Antigüedad, y utilizada como remedio para muchos síntomas, la razón por la que hoy hablo de ella está relacionada con uno de esos. Y es que, si observamos la naturaleza, esta planta de flores llamativas de color amarillo inunda nuestros campos, y, sin conocer la razón, y a pesar de los intentos del hombre, circundan nuestras carreteras sin orden fijo, sirviendo de protección junto con otras plantas que sí son plantadas por las personas que construyen esos caminos. Cuentan las leyendas que el aceite que se puede extraer de ellas sirve para curar las heridas, cicatrizando esas lesiones que se producen en nuestra piel. Exactamente igual que hace la planta en las heridas que se producen en la Tierra. Brota, de manera mágica, en los bordes de las carreteras que construyen los humanos, para curar esas heridas. Y siempre que la Tierra necesita atención, ahí aparece su flor amarilla. De la misma manera ocurre, en todos los momentos de nuestras vidas, desde antes que nazcamos hasta después de morir. Siempre que necesitamos algo, siempre que sufrimos, cada vez que tenemos dudas, en cada momento de debilidad… Siempre hay una enfermera a tu lado […].